FLAMENCO JONDO

FLAMENCO JONDO DE ARTURO FERNÁNDEZ

30/8/12

RAFAEL GÓMEZ MONTERO. SI ELEGÍ GRANADA PARA VIVIR, LA QUIERO TAMBIÉN PARA MORIR

Fotografía del libro de Rafael Gómez Benito.

Quién es Rafael Gómez Montero.


Periodista y poeta abulence, nació en Ávila el 14 de octubre de 1922 y murió en 1994 en Granada.
Trabajo en el Diario de Ávila y en Diario Gol (actual Marca). Fundó en 1952 Radio Ávila, siendo su director.
Recibe el premio Nacional de Radiodifusión en 1950 y de San Fernando de periodismo en 1951.
Fue miembro de honor en 1978 de la Institución Gran Duque de Alba, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como reconocimiento por su labor periodística de promoción del arte flamenco.

Llegó a Granada un día de Noviembre, de 1958 desde su tierra natal, Ávila. Antes, había pasado por Madrid y Almería, pero Granada le cautivó y lo atrapó para siempre entre su tela de araña; bebió de sus aguas ocultas, y respiró profundamente su aire impregnado de granado y avellano, hasta hacerlo un granadino más, cosa que él acepto sin oponer mucha resistencia, pero sin olvidar nunca sus raíces.
Este hombre de la sonrisa abierta, como lo definiría Bernardo Cuenca, fue Rafael Gómez Montero, un hombre bueno y sencillo, que desde su llegada a Granada, no paró de moverse, de crear y exaltar a la ciudad que lo acogió como a un hijo más.

Pero, el hecho de que yo hable de Rafael en este blog de flamenco jondo, es porque creo que el flamenco granadino no le ha pagado todo lo que él sí hizo por este arte desinteresadamente por esta ciudad, y sobre todo, por el Sacromonte y sus gitanos, era sencillo identificarlo y dar con él. Preguntar por él en las cuevas del Monte, que los dio a conocer a través de sus zambras por diversos sitios de la geografía española, e incluso, hasta la ciudad eterna, Roma. Organizó y presentó innumerables festivales, entre ellos: El Lucero del Alba en Salobreña, Noches Andaluzas en Guadix, Noches Flamencas del Albaicín, el festival del Paseo de los Tristes y el Concurso del Cincuentenario. Dio algunos ciclos y conferencias sobre el flamenco etc… Por eso, creo que ya sería hora de darle a Rafael un homenaje como Dios manda.


                                 ¡...La una!
                                 Se ha ido a dormir la luna                                                        Si me quieres chiquilla,
                                 sobre un almohadón de nieve,                                                  te traigo yo a ti,
                                 y no tiene quien la lleve                                                            el Generalife,
                                 un beso junto a su cuna.                                                           la espada del Cid,
                                 Si tú apagaste la luna,                                                               la Mezquita mora,
                                 sólo por que te besara,                                                             el sol de Boabdil,
                                 yo apagaré, una a una,                                                             y la luna blanca
                                 las estrellas de Granada.                                                          del blanco Albaycín.

                                                                                    Rafael Gómez Montero 


27/8/12

EL FLAMENCO EN LA NAJARRA

Tiempo y unos cuantos días me he llevado pensando antes de decidirme, si hacerlo o no, el poner esta crítica en mi blog, simplemente por el hecho de que alguien al leerla pudiera pensar que lo hago por presunción o por engreimiento hacia mi persona. Nada más lejos de la realidad, porque entre otras cosas ya no tengo edad para ello, y simplemente el hacerlo, lo hago como una forma de agradecimiento hacia la persona del Sr. Chema Cotarelo Asturias por escribir cosas tan bonitas hacia mi persona, aunque yo tenga conciencia de que sólo soy un aficionado más de los muchos que hay que aman este arte llamado flamenco.
      
    El cantaor Arturo Fernández en la peña flamenca Rafael Muñoz de Almuñécar

                                                                          por

                                                       chema cotarelo asturias

A la luz de la luna sexitana, entre plataneras, presuntas pomarrosas y pitahayas, formas tropicales que acunaron, como un rayo caído de entre las sombras de la nueva noche, el magisterio, la magia de la voz del cantaor Arturo Fernández. Fue en un acto organizado por la peña flamenca Rafael Muñoz en el palacete de La Najarra. Olas que van y vienen al sonido de las palmas, viento que mece las hojas con la guitarra del prodigioso artista Ramón del Paso, cuyas manos trenzaron la voz del cantaor cual si fueran maromas de una barca. Lo demás fue todo duende y recogimiento, angustia en las Siguiriyas, cuando no, tragedia y lamento, o poema dramático, al decir de Machado y de Rafael Huertas, "el taruguillo", como se conoce a la andante enciclopedia del flamenco en Granada.

Halo de luna en las Tonás, cante primitivo donde los haya con el Tío Luis el de la Juliana, coplas asonantadas, Romances que recuerdan la pérdida de la Alhambra y la memoria de El Planeta, El Fillo, Juan de Dios o María de las Nieves: Granainas a la rosa y a la Virgen que guarda el secreto del querer en su pecho de nácar. Tangos de dos por cuatro de Cádiz y Triana y un fondo de la Niña de los Peines "que hasta los dedos se chupaba". En la segunda parte La Caña, el cante al que Don Antonio Chacón redondeo y las Soleares, al estilo del Viejo Noriega, del Pinea, la Andonda y el Quino de Triana. y de cada uno fue dando cuenta y forma el cantaor que sabe lo que siente y lo que canta. Remate de Siguirillas al estilo de Manuel Cagancho de Triana, de Paco la Luz de Jerez y de los Puertos el Ciego de la Peña.

Y el aire ya dulce de miel y guayabas, la luna trémula: sobre las olas del mar, una melodía de silencios y de algas y en el tablao Bulerías, jaleos y palmas y un rasgueo fino de la guitarra con alma y claridad arcana y la voz arrolladora, inconfundible, necesaria, venida de no sé dónde ni de que magia de Arturo Fernández, un cantaor para el mundo, pero de Granada, que sabe, como ya se dijo, para bien del cante y del flamenco, lo que canta.

Dan fe de ello, el público asistente entregado y las amainadas formas del agua y hasta unos angelillos que me pareció ver entre las erguidas ramas. Una noche inolvidable de duende que inevitablemente nos recuerda a Federico: "Lo flamenco es una cosa viva con los pies en el caliente barro de la calle y la mente en los vellones de las nubes desgarradas". Hasta esas mismas nubes ascendió en Almuñécar, de la mano de la guitarra de Ramón del Paso, la voz de Arturo Fernández. Quedan en el eco de la noche esencias de ese saber cantar, de esa manifestación del alma.











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